“COMO ORGANIZACIÓN TENEMOS UN DESAFÍO MUY GRANDE, TERMINAR DE COMPRENDER A LAS NUEVAS GENERACIONES. ES UNA INDUSTRIA COMPLEJA PARA LAS NUEVAS GENERACIONES, SOBRE TODO CON LAS INQUIETUDES Y DEMANDAS QUE POSEEN EN RELACIÓN AL EQUILIBRIO ENTRE LA VIDA PERSONAL Y LA LABORAL. EL DESAFÍO ESTÁ EN NOSOTROS, EN LOGRAR PARTE DE ESE EQUILIBRIO, DENTRO DE LA ORGANIZACIÓN Y LOS CONTRATOS”.

Siete meses después de haber visitado el proyecto CCR y entrevistar a Mariana, nos encontramos en el mismo escenario, pero con varios cambios. Como nos contó en aquella entrevista, el proyecto estaba terminando y si en aquel entonces era una sensación, hoy es una realidad. Hoy nos recibe Luciano Baroni, llegamos justo para el horario de almuerzo y como buen anfitrión, nos muestras las opciones de menú, él va a comer una ensalada.

Luciano es muy simpático, se divierte con nosotros como si nos conociera hace tiempo y nos muestra diferentes espacios donde realizar la entrevista. La misma se lleva a cabo en la parte de afuera de las oficinas. Mientras se colocan los micrófonos, se acomodan las cámaras y se apunta la luz nos explica algunos de los ruidos que salen de aquellas torres que veíamos desde la autopista.

Este proyecto comenzó a fines del 2009 y hace unos meses terminó. Luciano, como gerente, se encargó de liderar la última fase de construcción y entregar la instalación al cliente. Hoy preparara nuevos escenarios para afianzar la excelente relación de Odebrecht con el cliente.

Con solo 35 años, casado con Julieta y padre de Manuela, Catalina y Felicitas, Luciano hizo de cada uno de sus años, lo que quizás a otros les lleva mucho más. Recorramos su historia para entender de que hablamos.

Su infancia la pasó en Villa Ballester, allí se crió con sus padres y sus dos hermanos. Sabe lo que es jugar en la calle, “en esa época vivía en un barrio que se llama Parque SuhrHoreis, donde era una especie barrio cerrado, sin comercios, muy poco tráfico y siempre estábamos jugando en la calle, al fútbol, a las escondidas, nos trepábamos a los árboles.” Durante su vida practicó varios deportes y desde muy chico tuvo una atracción muy particular por la física. “me interesaba mucho la física, yo creo que sobre todo por la facilidad que tenía en el colegio en física y matemática. Lo que primero me llamó la atención sobre el tema de la física, fue un libro de Carl Sagan que había en mi casa, hablaba sobre los agujeros negros. Después mi padre me acercó un libro de Stephen Hawking, que es un físico de la era moderna bastante conocido, sus estudios se basan mucho sobre los agujeros negros. Me iba para ese camino, para estudiar eso.”

Hablando de adolescencia y con estos conocimientos adquiridos le preguntamos si usó estos misteriosos conocimientos para seducir alguna chica mirando las estrellas. No contiene la risa, interrumpe nuestra pregunta y niega todo tipo de posibilidad. Quizás ahora cae en la cuenta y reflexiona “Siempre dije que tenía que haber sido músico, estudiar letras…”

Hasta acá todo parecía encaminado en su vida, si miramos su profesión actual no hay nada que pueda salirse del libreto. Pero lo que Luciano no esperaba, “en quinto y sexto año del colegio tuve un profesor de filosofía que me pareció muy bueno. Me rompió la cabeza, con lo cual me interesó también estudiar filosofía.”

Al existencialismo de la filosofía en si misma se sumaba el hecho de que este joven de diecisiete años quisiera seguir esta carrera. Entre risas nos cuenta “después fue mi padre quien me influyo y me dijo:te conviene ir por este camino que por la sociedad en la que vivimos, considero que te va a ir mejor.”

Habiendo tomado el consejo de su padre, en el último año del secundario hace el curso de ingreso y consigue entrar a estudiar ingeniería en el ITBA. Aunque afirma que la inquietud por la filosofía siempre seguirá viva.

Una vez en la Universidad se dedicó a estudiar full time, “es la exigencia que tiene o por lo menos que tenía esta casa de estudios”. Con veintiún años, junto a su mujer, con quien estaba de novio hacía cuatro años, quedan embarazados. “Nos fuimos a vivir juntos, nos casamos y a mitad de segundo año de la facultad mi vida cambió. Tuve que salir a buscar trabajo, pero siempre con el apoyo de mis padres. Empecé a trabajar y estudiar a la noche. Hice un acuerdo con la Universidad, la verdad es que ahí, por parte de la universidad hubo mucha flexibilidad, entendieron que tenía que trabajar y que se me complicaba mucho cursar. Supongo que por mis notas y por cómo venía accedieron a eso y rendí prácticamente libre el resto de la carrera. Estudiaba solo en mi casa y lo que me ayudó mucho también fue mi grupo de compañeros que me daban una mano muy grande. Fue un período de mucho sacrificio tanto para ella (Julieta, su mujer) como para mi, porque ella estaba estudiando psicopedagogía. También se recibió, terminó la carrera sin perder ningún año de estudio.”

Luciano lleva una vida sana. Ya mencionamos que de comer pidió una ensalada. “Soy de cuidarme. Me gusta mucho comer, los fines de semana me permito excederme y en la semana me cuido porque me siento mejor así, estoy de mejor ánimo, duermo mejor, rindo mejor. Entonces trato cuidarme. Muchas veces me da fiaca salir a correr y después digo, qué bueno que salí, porque me cambió el humor. Me cambia el oxígeno, me siento totalmente distinto luego de hacer deporte y la comida sana acompaña eso.”

Además de salir a correr, hace unos años, gracias a su cuñado descubrió el golf. Un lugar “para divertirse, disfrutar el paisaje, la naturaleza, estar caminando por la cancha durante tres, cuatro horas y conversar.” Vuelve a aparecer su costado existencialista y reflexiona. “Es un aprendizaje continuo. Lo encuentro entretenido porque es siempre un desafío de uno contra sí mismo. O si querés contra la cancha. La competencia es interna, es superarse. Un aprendizaje de permanentemente toparse con nuevas frustraciones y encontrar la manera de salir adelante. La verdad, me gusta mucho, y muchas veces lo sufro bastante, no juego bien. Tampoco juego hace mucho, estoy aprendiendo, pero lo que le voy encontrando al deporte va por ahí. Jugué muchos años al tenis, cuando era chico, que es sumamente competitivo Es un ámbito donde la competencia, a esa edad es tan dura y tan cruel, donde tus propios compañeros te pueden desear que te vaya mal. Entonces decidí irme y empecé a jugar al handball donde jugué muchos años e hice grandes amigos de mi vida.”

Ahora lo imaginamos en la casa y lo vemos rodeado de mujeres, la pregunta obligada es si ha querido tener algún varón que lo acompañe, ante la pregunta, otra vez estalla en una carcajada. “Son sucesos independientes, está comprobado que tengo más probabilidad de tener mujeres que hombres, al ser independientes, lo más probable es que el próximo sea mujer.” Habla de un próximo, pero cuando le preguntamos si va a intentarlo nos responde con una negativa, aunque está por verse si se van a dar por vencidos.

Seguimos en la casa de Luciano y su tiempo junto a su familia, “trato de equilibrar el trabajo con las chicas, cuando puedo las llevo al colegio, es algo que me gusta. No falto a ningún acto, eso para mi es religioso. A la noche hago el esfuerzo por estar antes que se vayan a dormir. Con la de 14 puedo tener una hora más, las otras a eso de las nueve y media duermen. Comparto la comida, hablamos sobre cómo nos fue a cada uno en el día, me gusta tener interacción.”

Terminando la entrevista sale a la luz un costado de Luciano que casi pasamos por alto, la música. Su día comienza muy temprano, a las 6:30 se despierta y luego sube a su auto donde durante 45 minutos escucha las noticias y el resto del recorrido escucha música. “escucho mucho a los Redondos y al Indio, soy un gran admirador de la música que han hecho., donde toca lo voy a ver, estuve en Mendoza en el último show. También escucho mucho Pearl Jam, me gusta la música en general.” “De chico iba a Cemento a ver a muchas bandas. Me gusta mucho el rock y el jazz.” Entre risas nos cuenta que intentó tocar la guitarra y se confiesa “Soy muy malo. La verdad es que no le puse mucha disciplina.”

Su pasión por la música y habiendo ido a tantos recitales nos genera la curiosidad de preguntar si tiene algún tatuaje. “Tengo una Pi” (símbolo matemático) y cuando pensábamos que tendría algo relacionado a los Redondos, responde “estuve a punto de tatuarme el símbolo “PR”, pero todavía no me decidí.” Su pasión por esta banda hizo que su mujer se hiciera fanática. Y por suerte, hasta el momento, sus hijas todavía no piensan en hacerse un tatuaje. ¿Y si preguntan? “Les voy a decir que es para toda la vida, que lo piensen bien. Es una decisión de ellas.”

Para terminar le pedimos que como líder nos de una visión del futuro del mercado y cómo las nuevas generaciones deben actuar en consecuencia. “Como organización tenemos un desafío muy grande, terminar de comprender a las nuevas generaciones. Es una industria compleja para las nuevas generaciones, sobre todo con las inquietudes y demandas que poseen en relación al equilibrio entre la vida personal y la laboral. El desafío está en nosotros, en lograr parte de ese equilibrio, dentro de la organización y los contratos. Y ellos tienen que entender que hay momentos donde hay que hacer un sacrificio adicional que vale la pena y que las recompensas a posterior siempre llegan.”

Los rayos del sol hace varios minutos golpean fuerte contra Luciano, podríamos decir que casi no se dio cuenta. Se divirtió, nos hizo ver que la recompensa del esfuerzo es la risa, pasarla bien. Nos agradece mucho la entrevista, pero nosotros no hicimos nada, él contó su historia, nosotros estamos agradecidos por ella. Nos despedimos reflexionando, como a él le gusta.

 

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