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“Una persona disciplinada parte delante de las demás”

Márcio Luiz Perez Ribeiro, Responsable del Programa de Personas & Organización, Administración y Finanzas – Infraestructura Argentina

En dos años, Márcio Luiz Perez Ribeiro concluyó la Maestría en Gestión Empresarial que dicta la Fundación Getulio Vargas, de San Pablo. En ese lapso, de lunes a viernes, se levantó antes de las seis de la mañana, arribó a su oficina de la ciudad de Buenos Aires a las siete y estudiaba hasta el inicio de sus labores sin descuidar un solo detalle. Parte a distancia, parte in situ, el Responsable del Programa de Personas & Organización, Administración y Finanzas en Proyectos de Infraestructura de Odebrecht alcanzó de ese modo la meta que se había propuesto.

¿El secreto? “Me obligué a mantener una disciplina fuera de lo común, con una dinámica de trabajo que nunca cesa y las exigencias de la universidad –confiesa Márcio–. También estudiaba durante las noches y los fines de semana. Quise hacer lo mejor. Rescaté o volví a dar impulso a una disciplina. La familia me dio el mayor incentivo. Terminé con los resultados que esperaba. Uno sabe que si quiere, puede, sobre todo si se compromete a lograr lo que busca en un plazo determinado. Con un equipo competente, uno se puede dedicar a otras cosas sin desatender sus obligaciones”.

Las claves son la disciplina y la planificación, según Márcio, de 45 años de edad. Nació en la ciudad brasileña de Ilhéus, Bahía, a 430 kilómetros de Salvador, donde creció desde los seis años. Es Administrador de Empresas como su mujer, Carla Moreno Ribeiro. Ambos se conocieron en Odebrecht. Son padres de Luiza, de 15 años de edad, y Natalia, de 13. En la Argentina están desde hace cinco años y medio después de haber vivido en varias ciudades de Brasil, Venezuela y Ecuador.

“Para ser competitivos tenemos que estar a la vanguardia”

Márcio lleva en total casi 13 años como expatriado. Ha pasado más de la mitad de su vida en la Organización, en la cual ingresó en 1991 tras un breve paso, mientras era estudiante, por el Banco Económico, en Salvador.

Cada sábado y domingo, esté en actividad o de vacaciones, trota unos 10 kilómetros. En ello también impera la disciplina, definida por él mismo como “la conciencia de la capacidad de vencer obstáculos, lo cual ayuda a la persona a estar enfocada”. Mientras corre, Márcio no escucha música ni radio. “Es mi momento para pensar en millones de cosas, como el trabajo, la familia y el estudio –dice–. Son dos horas cada fin de semana y, como no tengo con quien conversar, me salen buenas ideas”. Le apasiona el fútbol; es hincha del Vasco da Gama. De adolescente, como mediocampista, era el capitán de su equipo, algo que traslada ahora a su posición de líder.

El liderazgo es un arte, en especial frente a una nueva generación que es más pragmática que la suya y que busca resultados inmediatos. “La conciencia es fundamental y depende de la capacidad del líder de transmitir soluciones desde la propia experiencia –comenta–. Mi generación podía convivir un poco más con incertidumbres, problemas y oportunidades y administrar mejor esas circunstancias”. Márcio no critica a los más jóvenes. Es realista frente a sus inquietudes. “Nosotros, como líderes consolidados en una cultura reconocida, debemos entender y saber de qué manera podemos lidiar con eso, incentivando la motivación en las personas”, rubrica.

La motivación, precisamente, es una de sus tareas en “un mercado muy activo en el cual la comunicación es total y aparecen a gran velocidad las oportunidades. Antes dependíamos de ciertos canales para tener información de oportunidades de trabajo. Hoy día están en cualquier lugar. Para ser competitivos tenemos que estar a la vanguardia, proporcionando los ambientes más adecuados posibles para esta demanda sin perder nuestra esencia y nuestros valores”. Valores es otra palabra insignia en su léxico, nutrido de varios desafíos superados, como el Sistema de Potabilización Área Norte, en la Provincia de Buenos Aires.

Siempre dispuesto y emprendedor, Márcio no deja nada librado al azar. De noche planifica aquello que hará al día siguiente. Como si de una carrera contrarreloj se tratara, sostiene que “una persona disciplinada parte delante de los demás. La disciplina bien administrada implica establecerse metas y perseguirlas. Es saber lo que uno está buscando, trabajar para eso. Yo me identifico como una persona disciplinada porque cuando quiero algo lo busco al máximo. Está en la capacidad de uno administrar la vida personal y el trabajo. Trato de entretenerme y pasarla bien con la familia. La disciplina crea compromisos sólidos con cualquier cosa que asuma”.

Durante once años, Márcio practicó surf. Fue hasta los 23 años de edad, cuando todavía era estudiante en Salvador. Recuerda que viajaba con sus amigos por el Estado de Bahía. Llevaban las tablas y acampaban. El día comenzaba a las cuatro de la mañana con una sola consigna: avistar las mejores olas para deslizarse sobre ellas. A veces, ni comían en el afán de superarse a sí mismos. Hoy observa en sus hijas “una capacidad tremenda de ver todo al mismo tiempo” mientras él, en cuyo teléfono móvil maneja las aplicaciones básicas, necesita “estar enfocado”. Es decir, hacer una cosa a la vez.

En casa, Márcio y Carla hablan portugués, pero las niñas, escolarizadas en inglés por haber vivido la mayor parte de sus vidas fuera de Brasil, se entienden mejor en ese idioma, luego en castellano y, por último, en el de sus padres. No es problema. Después de haber residido en tres países de América del Sur, sin contar el propio, nota que “somos muy parecidos”, que “nos gusta casi lo mismo, salvando algunas diferencias en la música, la comida y el entretenimiento”.

Lo mismo ocurre en su trabajo: “Cada proyecto es diferente; es como un nuevo trabajo –dice–. En Odebrecht logramos mantener una filosofía única con una identificación muy consolidada, pero en cada ambiente debemos tratar con personas. Cada una tiene su perfil, sus características, sus preferencias y sus necesidades. Las soluciones para cada problema son distintas. Además, las comunidades aledañas a los proyectos reaccionan de diferentes maneras. Nos toca relacionarnos con comunidades e incluso gremios que tienen sus expectativas y demandas”. En la falta de rutina radica, curiosamente, su rutina, apuntalada por los valores y la disciplina.

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