“Brasil es mi primera o segunda casa”:

Ricardo Ríos, Director de Contrato

Ricardo Ríos ama el jazz, pero podría haber cantado a coro con Facundo Cabral aquello de “no soy de aquí ni soy de allá”. Es Ingeniero Civil. Trabajó 18 años en el exterior. Reside en la Argentina, pero sueña con retornar a Brasil. Vivió en ese país, en España, México, Polonia, Chile y Rumania. Lleva tantos kilómetros y mudanzas que, como la escritora Marguerite Yourcenar, medio belga y medio francesa, nacionalizada norteamericana, griega y romana por adopción, podría declararse ciudadano del mundo. Lo es, en verdad, aunque preserve el tono sereno del niño que leía sus poesías en una radio de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, donde nació.

A la vera de la imponente antorcha del complejo industrial de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) de Ensenada, provincia de Buenos Aires, emblema de la primera planta en el país de Reformado Catalítico Continuo (CCR, sus siglas en inglés), realización de Odebrecht, Ricardo conviene en que hubo dos momentos memorables en su vida: los nacimientos de sus hijas Lucía, de 18 años de edad, estudiante de Comunicación Social en la Universidad Austral, en Hermosillo, México, y María Emilia, de 16, en San Nicolás de los Arroyos, aunque, detalla, “en rigor, es brasileña como la hermana porque su embarazo transcurrió allá”.

“Creo en lo que dijo Picasso: 80 por ciento de sudor y 20 por ciento de creación”

La carrera de Ricardo en Odebrecht se divide en dos etapas. La primera, a su regreso de Brasil, en 2009; la segunda, después de un breve paso por una compañía española radicada en la Argentina. “A mi vuelta confirmé lo que había visto antes: una empresa distinta en la cual el respeto y la amabilidad entre las personas son sus principales virtudes dentro de un negocio duro como lo es el de la construcción –afirma mientras empuña el mate–. La clave del trabajo del Director de Contrato es rodearse de un equipo que lo apoye y aprender a delegar. Nosotros hablamos de delegación planeada, que no es una forma de no hacer el trabajo”.

Habla con nostalgia. Cada vez que viaja a San Pablo, Ricardo siente el íntimo orgullo de ser el padre de otras dos criaturas: hizo la Sala São Paulo (auditorio) en el vestíbulo de la antigua Estação São Paulo de ferrocarril y el Museu do Imaginário do Povo Brasileiro en el Departamento de Ordem Política e Social (DOPS), centro de detención durante la dictadura militar.

Es un creativo no asumido: “Creo en lo que dijo Picasso: 80 por ciento de sudor y 20 por ciento de creación –observa–. Están los que barren y los que barren muy bien. Están los que limpian y los que limpian muy bien. Y están los que dirigen contratos y los que los dirigen muy bien”.

–¿Como vos, tal vez? –Yo soy un trabajador –responde con humildad–. Eso deberían juzgarlo mi líderes y mis liderados.

Tauro en el zodiaco, Ricardo estudió en la Universidad Nacional de Rosario. En la ciudad de Buenos Aires, cursó un posgrado en Procesos de Siderurgia gracias a los buenos oficios de su padre, Oscar, técnico químico de la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (Somisa), hoy Siderar, y trabajó un par de años en laminación en caliente. No era lo suyo. En España, a comienzos de los noventa, había ofertas de trabajo para ingenieros por la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pidió licencia sin goce de sueldo y probó fortuna. Lo contrató en Santiago de Compostela la compañía Acciona, de la cual iba a llegar a ser Vicepresidente.

“Conseguí trabajo, empecé una obra; volví a la Argentina, me casé y, con tres días de matrimonio, nos fuimos a regañadientes a España –recuerda Ricardo, sonriente–. Mi esposa debió renunciar a su trabajo de maestra jardinera y dejar a su familia. Los primeros tiempos fueron duros. Estuve dos años haciendo obras civiles: caminos, urbanizaciones, el saneamiento de la ciudad de Carballo (La Coruña). La empresa me ofreció ir a México. Lo vi como una posibilidad. La única conciencia que tenía en esos tiempos era la aventura. Y fuimos con los mariachis. Allí nació mi hija mayor. Después partimos rumbo a Brasil, que considero mi primera o segunda casa”.

En su casa de la ciudad de Buenos Aires, Ricardo sorprende a amigos y compañeros con sus habilidades culinarias. Su “barco insignia” es el risotto alla milanese, digno de los mejores elogios. El secreto, parece, está en el caldo de carne que prepara el día anterior y deja reposar durante la noche. Luego vendrán el arroz, los vegetales y los otros ingredientes. Un manjar. “Lo hago con amor”, confiesa. Como amor pone en el trabajo, aunque sea “bastante obsesivo, como dicen los que me conocen. Yo les digo que tengo mucho respeto y me siento con mucha responsabilidad”.

Puesto a elegir, Ricardo prefiere la pasta antes que el pollo y a Messi antes que a Maradona. De niño, era de Racing, pero, quizá por escaso afecto al fútbol y mucho amor a su padre, se declara ahora hincha de Colón de Santa Fe. Antes tenía cábalas; ahora no, “porque uno termina siendo preso de ellas”. De vez en cuando, juega tenis. “Bueno, juego tenis sin jugar”, se corrige, burlándose de su dominio de la raqueta. También practica windsurf, pero eso depende del viento que sople en San Nicolás de los Arroyos, donde suele pasar los fines de semana en familia.

–¿Una virtud? –Trabajo mucho. –¿Un defecto? –Muchos. –¿Alguna noche sin dormir? –Años sin dormir –replica, refiriéndose a su celo por el trabajo.

A los 50 años de edad, Ricardo concluye: “En mis equipos de trabajo pasé de ser el más joven a ser el más viejo”. Lo asume con la dignidad de quien adquiere la experiencia como un capital intransferible y, a su vez, apuesta por el desarrollo de los jóvenes. En su propio equipo, revela, “hay personas que son más maduras que yo cuando tenía la edad de ellos”. No es un problema. Lo celebra, siempre y cuando, aquí o allá, prime una condición básica: la amabilidad. Es lo que descubrió y lo que extraña de San Pablo “por más que la llamen ciudad caótica”. En ella, después de tanto trajinar, obtuvo el documento de identidad de ciudadano del mundo.

 

 

2 comentarios sobre “RICARDO

  1. Ricardo, buen dia estoy intentando contactarlo le dejo mi numero de celular 02983-15586646 espero su llamado

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