“LA COMUNICACIÓN TIENE QUE SER SINCERA Y CLARA”.

Verónica Spirito, Responsable de Personas & Organización

–¿Café, té o mate?
–Mate.
–¿Desayuno, almuerzo, merienda o cena?
–Los cuatro.
–¿Pequeños mimos personales?
–Comprarme ropa o hacerme masajes.
–¿Cada cuánto?
–Una vez por mes.
–¿Departamento o casa?
–Vivo en un departamento, pero me gustaría vivir en una casa para tener un poco de verde.
–¿Mascotas o plantas?
–Plantas.
–¿Cena con velas o pizza con cerveza?
–Cena con velas.
–¿Con música o en silencio?
–En silencio.
–¿Qué es lo más lindo que te ha pasado?
–Haber encontrado hace cinco años a un compañero de vida, mi marido desde hace casi un año –responde con una sonrisa–. Estoy en plena luna de miel.

Verónica Spirito, Responsable de Personas & Organización, sonríe a menudo, sobre todo cuando habla de Damián, su marido. En su hogar, cada 15 de diciembre ha de haber dos tortas o, al menos, dos velitas. El cumpleaños de ambos es el mismo día. “Los de Sagitario tenemos fama de ser medio bravos, pero nosotros dos somos bastante diferentes y creo que eso tiene que ver con el ascendente”, confiesa. El ascendente de ella es Piscis, según supo por una carta astral que le hicieron hace unos años. No lee el horóscopo ni tuvo jamás cábala alguna. Sólo en su boda respetó la tradición de llevar algo de color azul, algo nuevo, algo usado y algo prestado.

Contadora Pública Nacional y Licenciada en Administración de Empresas por la Universidad de Buenos Aires, Verónica lleva siete años en Odebrecht. Ingresó en marzo de 2007 como Jefa de Liquidación y Remuneraciones. Antes había trabajado en un estudio contable y en dos consultoras. De niña tuvo vocación por la contabilidad. A los once años de edad, quiso cursar el secundario en el Colegio Carlos Pellegrini, de la Ciudad de Buenos Aires. Debió aprobar el examen de ingreso. Como algo natural, abrazó después el área de Recursos Humanos, vinculada con las mediciones periódicas del clima laboral, el desarrollo de las personas y las evaluaciones de desempeño.

Recibida de Perita Mercantil, con un padre y una madre que se habían dedicado al comercio, Verónica debía decidirse entre ser contadora o abogada. “De haber estudiado Derecho, me gustaba la parte penal, que tenía determinados principios y valores –dice–. Preferí ser contadora. Siempre me gustó todo aquello vinculado con los números. Siento que tengo facilidad para eso. Como no quería mantenerme en la famosa cajita de los contadores, una vez que terminé la carrera estudié Administración de Empresas. Eso me abrió mucho el panorama”.

Para ella, la comunicación juega un papel esencial: “El diálogo es fundamental en cualquier relación –afirma–. Está íntimamente relacionado con la comunicación. Es imprescindible para conocer al otro, alinear expectativas, saber qué piensa, si se siente motivado tanto en la vida profesional como en la personal. La comunicación tiene que ser directa, sincera y clara. Nosotros utilizamos la palabra parceiro (socio) con el compañero y con el líder para crear un buen ambiente de trabajo. Nuestra cultura no penaliza. Fomentamos las relaciones de confianza. Con las encuestas anuales tenemos una foto para saber qué estamos haciendo bien y qué deberíamos mejorar”.

Consustanciada con la Tecnología Empresarial Odebrecht (TEO), Verónica sostiene que, más que una estrategia de trabajo, se trata una filosofía de vida. “No sólo se aplica en el trabajo, sino también la vida –explica–. Es un canal de comunicación por el cual estamos en la misma sintonía. Todos compartimos competencias, características, creencias y valores. Eso facilita la comunicación, el buen clima de trabajo y las relaciones con el líder y con los compañeros. No existen fronteras ni nacionalidades ni edades ni sexos. Es igual para todos. Y es la base que nunca cambia; más allá de que nosotros vayamos creciendo, los valores perduran”.

–¿Incluso cuando trabaja gente de diferentes nacionalidades?
–Las culturas se funden por la TEO. Hablamos un mismo lenguaje. Compartimos una base de trabajo y de acciones. Eso facilita las cosas. Hay procesos de adaptación, pero son más fáciles gracias a nuestra cultura de trabajo.
–A propósito, ¿cómo se lidia con ingenieros?
–Nunca pensé que iba a trabajar en una compañía de ingeniería –revela–. Mi hermano es ingeniero civil. En las charlas familiares surgía la típica broma sobre lo estructurados que son los ingenieros, pero resulta que los contadores también somos un poco estructurados.

Al parecer, nada que ver con su marido, Administrador de consocios. Son, por lo que cuenta Verónica, el día y la noche a pesar de compartir el día de cumpleaños: “Damián es desestructurado y desinhibido. Puede hablar sobre cualquier tema con gente que conoce y con la que no conoce. Suele hacer chistes. También es un poco desordenado. Yo no. Y es muy directo. Dice lo bueno y lo malo sin filtro. Es impulsivo. Yo prefiero pensarlo dos veces. Trato de buscar un equilibrio”.

–¿Cómo se llevan con la cocina?
–No es mi fuerte. No voy a mentir. Cuando él cocina, lo hace mejor que yo. Para mí cocinar es preparar algo elaborado. Mejoré con el tiempo, pero no es la mejor terapia.
–¿Cuál es la mejor terapia?
–Mirar televisión o escuchar música antes de dormir.
–¿Lográs desconectarte?
–Aprendí a desconectarme. Es un ejercicio diario. Hace unos años no podía. La cabeza seguía dándome vueltas sobre los mismos temas. No descansaba bien y tampoco rendía bien.
–¿Y ahora?
–Durante los fines de semana me desconecto totalmente. Salimos con amigos por la noche. Por la tarde descansamos, vemos películas o dormimos la siesta. Los domingos puede haber algún almuerzo familiar o fuera de casa. A mí me desconecta el contacto con la naturaleza. Voy a un parque o al club.
–¿Vas al gimnasio también?
–Dos veces por semana. A veces, los sábados.
–¿Rutina o clases?
–Rutina, porque puedo ir a las ocho y media de la noche y prefiero no esperar, o clases de gimnasia localizada.
–¿Apagás el teléfono de noche?
–Sí.
–¿Cómo te ves dentro de unos años?
–Agrandando la familia, si Dios quiere, y trabajando acá, en Odebrecht.

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